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sábado, febrero 24, 2024

Relación UE-ALC y Cumbre en Santo Domingo

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Como Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior y de
Seguridad, ha sido mi prioridad dar renovada forma política al sentimiento
de comunidad que une Europa y América Latina y el Caribe (ALC). Un
sentimiento forjado por los trasiegos de millones de personas de un lado al
otro del Atlántico, unidos por una historia, lenguas y culturas comunes. Y
para ello, la reciente III Cumbre UE-CELAC[1] que ha reunido en Bruselas a
los líderes de sesenta países, casi un tercio de los miembros de las
Naciones Unidas, el 14% de la población y el 21% del PIB mundiales, ha
relanzado nuestra asociación estratégica.

Esta Cumbre imprescindible ha sido un gran paso diplomático impulsado junto
con la Presidencia española del Consejo de la UE. Hemos superado un largo
periodo de desencuentro desde la anterior Cumbre, celebrada hace 8 años. El
mundo ha cambiado drásticamente desde entonces, con la emergencia de China,
los devastadores efectos de la pandemia y de la guerra de agresión de Rusia
contra Ucrania. Nos queda ahora mucho trabajo para impulsar una agenda
compartida mutuamente beneficiosa para las dos regiones.

Ni en la UE ni en ALC queremos regresar a la guerra fría ni a una política
de bloques. Al contrario, queremos promover una visión pluralista de la
comunidad internacional asentada en normas, cooperación y resolución
pacífica de los conflictos. Esta visión está en peligro y, en un mundo de
gigantes, cada uno de nosotros no puede defenderla solo. No olvidemos que
más allá de comercio o diplomacia, los puentes más sólidos que podemos
tender entre la UE y ALC son los que refuerzan los derechos y las libertades
políticas.

A pesar de la pandemia, he viajado seis veces a ALC, incluyendo a la
República Dominicana para asistir a nuestro diálogo político y a la XXVIII
Cumbre Iberoamericana de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno del 24 y 25
de marzo de 2023 en Santo Domingo. En dicho viaje tuve la oportunidad de
reunirme con el Presidente Abinader y de inaugurar el Centro de
Cibercapacidades de Latinoamérica y el Caribe junto al Ministro Joel Santos.

En muchos de mis encuentros con interlocutores de la región he percibido
bien el resquemor por la negligencia que se atribuye a Europa en su
acercamiento a ALC. Y ello a pesar de que las empresas europeas siguen
siendo el mayor inversor en la región, con una inversión directa que supera
lo invertido por la UE en China, Rusia, Japón e India juntos. Mientras tanto
nuestros proyectos de acuerdos de asociación y comerciales han permanecido
estancados o esperando urgentes modernizaciones. A este impasse se ha unido
el sentimiento de que, aunque compartimos valores, nuestras prioridades no
siempre coinciden.

Por eso la Cumbre ha decidido modernizar nuestra relación para adaptarla a
los grandes retos globales con cumbres regulares cada dos años, una
instancia de coordinación permanente y una hoja de ruta birregional, con
acciones concretas hasta la cita en el 2025 en Colombia.

En esta cumbre hemos presentado, junto a los estados miembros de la UE, una
agenda de inversiones que suma 45 mil millones de euros hasta 2027 en
energías renovables, la transformación digital o la innovación farmacéutica
y el fortalecimiento de los sistemas sanitarios. En República Dominicana se
han priorizado como sectores la movilidad urbana sostenible, el agua y
saneamiento, la digitalización y el apoyo al país para la emisión de bonos
verdes. También hemos suscrito una Alianza Digital con 20 países de la
región, incluso la República Dominicana a fin de defender juntos una
transformación digital centrada en el ser humano, especialmente importante
para una región con elevados niveles de desigualdad y una productividad
estancada.

El objetivo de ese esfuerzo inversor es modernizar y estrechar lazos, no
dependencias. ALC quiere aprovechar las nuevas transiciones para
industrializar sectores clave y agregar valor a su enorme potencial en
biodiversidad, energías renovables, producción agrícola y materias primas.
ALC quiere crecer, pero con mayor igualdad y sostenibilidad. Nuestra
relación debe ser fundamentalmente política y no puede resumirse en un
listado de inversiones, pero Europa puede aportar capacidad tecnológica y
también necesita alianzas con socios confiables para diversificar sus
cadenas de suministros.

Para los europeos es urgente comprender que debemos comprometernos no solo
con nuestros problemas, sino con los problemas de nuestros socios. ALC nos
pide buscar soluciones a cuestiones clave que caen bajo la rúbrica de la
justicia global: alivio de la deuda, financiamiento climático, bonos verdes
y atracción de inversión privada, reorganización de cadenas de valor
(evitando políticas extractivistas), fiscalidad a escala global, lucha
conjunta contra las drogas y crimen organizado, entre otros temas. ALC nos
pide también que tengamos en cuenta sus inquietudes respecto al acceso al
mercado europeo para sus productos ante las recientes regulaciones que
derivan de nuestro Pacto Verde y otras medidas autónomas concretas que hemos
venido adoptando.

Todo lo anterior implica también estar dispuestos a reformar el sistema
multilateral y las instituciones financieras internacionales para que sean
más justas y representativas. En definitiva, la región pide su influencia en
las principales mesas de decisión del mundo.

Me complace asimismo destacar que el 20 de julio de 2023, el Consejo de la
UE dio luz verde a la firma y aplicación provisional del Acuerdo de
Asociación entre la UE y los países ACP, como nuevo marco legal para los
próximos veinte años en sucesión al Acuerdo de Cotonú.

Nuestra relación debería contribuir a una nueva prosperidad social
descarbonizada, en acertada frase del Presidente de Colombia, haciendo que
la defensa del planeta sea compatible con el progreso material y la equidad
social. También debemos superar nuestras diferencias geopolíticas. La gran
mayoría de ALC ha condenado en las Naciones Unidas la invasión rusa de
Ucrania. Pero la importancia relativa de esta guerra de agresión no se
percibe de igual manera. La discusión del comunicado final reflejó bien esta
tensión entre la cerrada unidad europea ante una cuestión existencial y los
diferentes matices en el seno de ALC. La cuestión se saldó con la exclusión
de Nicaragua, pero no de Cuba ni de Venezuela, de la redacción final que
hace clara referencia a una guerra «contra» Ucrania y no «en» Ucrania.

Mi conclusión de la Cumbre es que la defensa de los principios de la Carta
de las Naciones Unidas y de un sistema internacional basado en normas en una
época de tendencias autoritarias y dinámicas populistas requiere más que
nunca de un decidido partenariado entre la UE y ALC. No podemos permitirnos
otra década perdida.

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